Pobres rico

Mariela Siachoque es una hermosa joven de 30 años, madre soltera, que vive con su hijo y el resto de su familia (padre y dos hermanos mellizos) en un típico barrio de clase media de Bogotá.

Gonzalo es un perfecto exponente de la clase alta. Tiene 33 años, es millonario y no tiene ningún problema a la vista. Vive de rumba, juego y mujeres y poco le importa lo que suceda con la empresa de la cual es presidente por herencia.

Mariela y Gonzalo no se conocen y aparentemente no tienen nada en común. Sus mundos son diferentes, sus clases sociales no se cruzan y sus personalidades tienen poco que ver una con otra. Sin embargo, el destino se encargará de cruzarlos de manera tan inesperada.

Víctima de una trampa de su primo Alejandro, quien quiere quedarse con el puesto de presidente que él ocupa, Gonzalo es acusado de utilizar el dinero de la empresa para lavar activos y a su cuenta corriente entran dineros no santos. Gonzalo no sólo es buscado por la policía sino que de un día para otro todas sus cuentas son cerradas, sus bienes embargados y si no aparece, se lo considerará prófugo de la justicia.

Desesperado y sin saber a quién acudir, Gonzalo decide hacerle caso a su abuela Esther, que afirma que son dueños de unos terrenos en las afueras de la ciudad que alguna vez compró su abuelo.

Con intenciones de venderlos y hacerse de dinero en efectivo, Gonzalo emprende la cruzada de recuperarlos enfrentándose a los Siachoque, la familia que vive allí y que asegura ser dueña del lugar que alguna vez le compraron a su abuelo.

Como no hay pruebas ni de una cosa, ni de la otra. Los Rico no tienen otra salida que instalarse a vivir con los Siachoque, en lo que es la única vivienda con la que éstos cuentan, además de un club de Tejo que oficia las veces de restaurante y salón de eventos.

El encuentro de estos dos mundos es por demás cómico. En primer lugar, porque los Rico no comprenden como viven los Siachoque. De tener cada uno su habitación con baño privado, Los